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Agustín Pariani es Árbitro Nacional de Fútbol

Después de años de esfuerzo y dedicación, el rosquinense logró la certificación nacional otorgada por el Consejo Federal del Fútbol Argentino. En diálogo con Postarosquín repasó sus inicios, el apoyo de su familia y sus metas dentro del fútbol argentino.

Por Chino Zanello

No todos los días un árbitro de la región logra dar el salto al fútbol argentino. Después de años de sacrificio y formación, el rosquinense Agustín Pariani obtuvo el título de Árbitro Federal de Fútbol y comenzó a escribir una nueva página en su carrera.

El referí de 31 años comenzó la charla, contando todo lo que le pasa «Estoy feliz, muy emocionado, hoy ya soy Árbitro Federal. Fue un enorme desafío por eso estoy sumamente feliz».

-¿Cómo arrancas en el arbitraje?

En la Liga San Martín hace cinco años y medio que estoy. Arranqué en las divisiones formativas, recuerdo que empecé con un torneo en el Club Trebolense que duraba 4 días, nos convocaron a mí y a un compañero. Arrancamos como asistentes en ese momento y ahí empecé el camino.

-¿ Y pasaron muchos partidos en estos años ?

Ya son incontables los partidos que fuí «pitando» como se dice en la jerga de árbitros. Arranqué desde Novena, ahí fueron dos años, después ascendí a Séptima, más tarde a Quinta, Reserva, hasta el día de hoy ya dirigiendo Primera división en la liga.

-¿Cómo surge lo del curso nacional?

Fue una decisión que pensé mucho. Lo soñaba. En su momento lo veía como algo lejos, cuando apenas arranqué no pensé que podía hacerlo. Lo veía difícil, Hoy después de mucha dedicación, esfuerzo y constancia es un sueño cumplido. Siento la satisfacción de decir que ya soy árbitro nacional.

-¿A que te proyecta?

Me proyecta para dirigir Federal A, Nacional B o Liga Profesional. Pero es como todo, paso a paso. Hoy para entrar en el sistema de AFA, lo importante es tener este título que cuesta mucho. Primero hay que quedar seleccionado, después el cursado durante 10 meses que son los módulos, yendo tres días al mes, con muchísimo esfuerzo porque hay evaluaciones físicas, teóricas, horas cátedra.

 La formación y el crecimiento pasaron a formar parte de su cotidianidad, en ese sentido, la exigencia es necesaria para poder llevar a cabo la labor de árbitro. «El arbitraje para mí es una gran parte de mi vida. Cuando empecé escuchaba a que decían que una vez que te ponés la ropa de negro es una pasión difícil de despegar y hoy la siento. Es una parte fundamental de mí , me define.

¿Cómo te preparas para los partidos?

Sábado y domingo arranco temprano, espero ir a dirigir con ganas. Ya lo siento con el desayuno y luego preparar el bolso con la ropa, después salir y estar en la ruta para llegar a la cancha y dirigir el partido. Hoy el arbitraje ocupa un lugar central en mi día a día.

-Con el transcurrir de los años…¿El arbitraje te formó como persona?

 Dirigir me formó totalmente como persona. Dirigir no solo me hizo ser árbitro sino que me enseñó a tomar mayores responsabilidades, me «enderezó» para usar una palabra bien entendible y es algo que agradezco mucho. Me hizo madurar. Me resignificó, porque estoy ejerciendo una profesión que exige una responsabilidad muy grande.

El referí nacido en Cañada Rosquín y hoy instalado en San Jorge, mantuvo la charla muy motivado, contando todo lo que le pasa en este presente. «Tengo una mezcla enorme de emociones. Es el resultado de muchos años de trabajo y sacrificio, pero nada de esto hubiese sido posible sin mi familia y compañeros de trabajo. Mi mujer y mi hija me brindan un acompañamiento total para llegar a donde estoy. Son muchas horas donde no estás, te vas temprano y volvés a la noche, pero aparte la profesión conlleva entrenamientos y clases teóricas en la semana. Mi mujer e hija son el sostén de mi vida y sin ellas nada de esto sería posible.

Por otro lado, la función que tienen estos «hombres de negro» no es nada sencilla: impartir justicia entre dos equipos, que anhelan a toda costa ganar. Entonces llega la pregunta final:

Que ganaste vos en este crecimiento?

Superación y valoración. Mirá, hay dos personas fundamentales en mi vida, que son mis viejos: Alejandra y Oscar. Son un verdadero pilar y me emociono cuando los nombro porque el día que llegué a comentarles la idea de ser árbitro, recuerdo como me miraron y me apoyaron desde el primer instante. Tampoco me olvido que no tenía un mango y directamente ellos me sorprendieron al comprar la vestimenta, para que empiece a transitar el camino elegido, Siempre me acompañaron y estoy muy agradecido.

Así, entre kilómetros, entrenamientos, evaluaciones y sueños cumplidos, Agustín Pariani empieza a abrirse camino en el arbitraje nacional, llevando a Cañada Rosquín y San Jorge a escenarios exigentes del fútbol argentino.

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