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Pinceles, códigos y viajes: El universo de Santiago González

Nacido en la ciudad neuquina de Cultral Co, dibuja desde los tres años. Vive en Rosario y creció en Cañada Rosquín. Un tipo noble que bien puede sintetizarse cuando arriesga en pocas palabras: «Veo un hilo común entre el arte y la programación».

Por Chino Zanello

Son las nueve de la mañana y el sol es una caricia en una de las ventanas del Bar Capote de Rosario. Hay poca gente, un puñado de laburantes y dos mujeres repasando datos de un examen. La esquina de Corrientes y Urquiza resulta una postal de otoño. Gente con su rutina, estudiantes con bufandas al viento y ruido a colectivos surcando la calle Corrientes en dirección al río, y la Urquiza en dirección al norte.

A las 9 y 10 entra Santiago. No se trata de un tipo cualquiera. Sino del pintor, programador, compositor, escritor, músico y muralista, popularmente conocido como el «Chana». Tiene impronta de artista, con un pulóver rojo cruzado por tres rombos negros. «Está tan lindo el día para caminar que me demoré un poco» suelta en un apretón de manos, cuando le toca resumir en palabras el encuentro antes de ingresar a su trabajo en el diario.

Siempre el inicio de una charla en una mesa de bar hace que el ritual de encontrarse sea más interesante. Santi despliega las solapas de una carpeta y saca un cuaderno, al toque pide café en jarrito con un bizcocho. -«Cargado por favor»- pasa que el artista viene de días y semanas muy intensas. El diálogo tiene banda olorosa: los vahos del café humeante sobre la mesa permiten la entrada perfecta. Matiza con el café y la atmósfera del lugar, mira de reojo el cielo por la ventana y dice «Me siento muy bien en Rosario, una ciudad viva, llena de desigualdades y de cultura». Suelta una carcajada cuando un compañero de trabajo pasa y saluda con los dedos en V. Luego en un tono muy cálido, dice «sin darme cuenta me fui quedando acá».

Está contento por los avances de su búsqueda centrada en la programación. “Me apasiona laburar en lo digital ”, sostiene teniendo en claro lo que quiere al momento de la creación. Claro que no es nada fácil que este tipo tan singular y diverso que recorrió una gran parte de Latinoamérica se explaye mucho sobre sí. Nacido hace 37 años en Cutral Co, en las horas del último día del año 1986, vivió su infancia en la ciudad de Neuquén hasta los 11 años. El 29 de diciembre de 1998 llegó con su familia a Cañada Rosquín, pueblo del centro oeste santafesino. «La llanura santafesina, o como dice León Gieco : las tierras mansas» agrega.

¿Qué fue lo primero en vos: la pintura, la poesía, la música..?

El dibujo. La potencia expresiva del dibujo.

¿Ya de pibe no les esquivabas al trazo ?

Siempre me gustó mucho dibujar y en Neuquén, recuerdo que mamá me enceraba la mesa y entonces dibujaba hora y horas. Me encantaba ese momento…Llenaba carpetas con dibujos, me la pasaba dibujando. Siempre me gustaron los cómics, soñaba con ser animador. Una vuelta encontré unas latas de pintura y me mandé como un unos murales en el departamento de unos vecinos que después le fueron a hablar a mi vieja diciendo ‘che mirá, está bueno que pinte pero que no lo haga en el departamento, si querés buscamos un paredón el el barrio para que Santi haga murales’. Yo había encontrado restos de pintura sintética y como no tenía pincel dibuje todo con un palito».

Afuera la ciudad no deja de hacer ruidos. Adentro se hacen silencios mientras la charla va indicando una infancia de ilustraciones, cómics, tatuajes con fibrones . El cuaderno con espiral que seguramente lo acompaña a todos lados, atestigua que la escritura es también su paisaje cotidiano. «Sí, acá anda una novelita que estoy escribiendo, que relata un poco la vivencia con un amigo de mi viejo, el Manzana. Describo un poco a Cutral Co y voy avanzando por ahí. Desde hace tiempo incursioné en la literatura. Me atreví a escribir unos poemas, unos escritos, porque también va por ese lado, otra herramienta de transformación», tira el artista.

Acrílico sobre lienzo pintura de Santiago en Colombia

Un año clave en su vida fue 2013. La voluntad por salir de mochila pudo más que cualquier análisis, así fue que decidió partir: «Eran los últimos meses del año y si bien no tenia claridad de hacia donde iba a ir, tenia muy firme la necesidad de viajar. Vino Peludo, un querido amigo a Neuquén y salimos. Hicimos Bariloche, Villa La Angostura, Los Siete Lagos, El Bolsón, después nos cruzamos a Chile un tiempo. En 2014 regresamos al país y en comunicación con Charly mi hermano, decidimos encontrarnos en Tucumán para recorrer el NOA, me acuerdo que vimos el Mundial en Tilcara».

Al parecer de ahí nació la andadura porque ya en 2015, Santiago llega a Bolivia con Mauri, otro amigo, ambos encararon el arduo camino de desandar la tierra de Evo Morales. «Estuvimos tres meses y en el último tramo se agregó León, otro gran amigo «En ese momento resultó muy fuerte vivir de la música, ya desde Tucumán hacíamos música en la calle. Antes había vendido pulseras, aros, panes caseros, o algún otro laburo, pero una vez que la música fue el vehículo seguimos con ese disfrute», evoca.

«En la recorrida pasamos a Perú, estuvimos otros meses y de ahí a Ecuador. En ese país conocí a un colombiano que estaba pintando con tizas en la calle. Me pareció increíble lo que estaba haciendo», recrea el artista todo terreno mientras abre aún más sus ojos celestes. «Lo consulté por la técnica y me dijo que si quería aprender directamente comprara materiales y me pusiera a su lado a laburar. Desde ahí, compré las tizas y no paré. Dejé de hacer música y me dediqué exclusivo al dibujo y pintura. En las plazas se me acercaba gente y por ahí me salía algún retrato o pintura en un local y ya después murales también» relata con intensidad esos detalles vivenciales que lo enraizaron a Ecuador por un año.

¿Cómo fue esa pulseada entre seguir andando y volver?

Bueno, después de Ecuador pasé varios meses en Colombia, realizando murales en tantísimos comercios, meses de mucho despliegue y muy sensibilizado con el arte. Fue ahí de golpe que después de tanto camino y culturas, después de tantas raíces identitarias, me volvieron las ganas de reencontrarme con la computadora, algo que me maravilló desde chico, el deseo de programar. Es ahí donde decido volver a Argentina.

Mural Homenaje a Belén Potassa en Cañada Rosquín

Las obras de Santiago Manuel González no circulan por coquetas galerías nacionales e internacionales. De hecho, la calle y el escenario urbano es lo que siempre lo sedujo. Bajo un enfoque estético, artístico y conceptual, pintó el Mural Homenaje a Belén Potassa en Cañada Rosquín.

“La idea fue rescatar de la forma más completa posible toda su trayectoria y entrega». Belén es jugadora de fútbol femenino que desde hace años reside en España, y un dato clave: es la única deportista Olímpica del pago rosquinense. «Fue todo un trabajo físico y emotivo, el que un mural de tales características provoca. porque abarcamos la ochava de una esquina, más 12 metros lineales de muro. La pintura en paredes convive con la gente que está en la calle, y la gente que está en la calle es la que expresa que le hace muy bien poder disfrutar de un mural».

Pero no solo las paredes hablan, también las veredas entran en juego, al respecto aparece una intervención en la Feria del Libro de Cañada Rosquín, organizada por el Grupo Semejantes. Ahí Santi centró su aporte en un laburo intenso y novedoso. Una imagen en base a tizas realizada en la explanada de la Escuela Nº 268, que él reafirma como «Arte efímero» con sus momentos muy entusiastas y sus deslices. Rodeado de estudiantes y familias en el contexto de la feria, una intervención que exigió de mucha concentración. Con las particularidades propias de un hecho cultural de magnitud, trazos y más trazos en el piso, y después de tanta entrega, a la hora de ser presentada la obra terminada un aguacero sorpresivo borró todo en quince minutos.

Santiago en la Feria del Libro «Semejantes» en Cañada Rosquín – Arte efímero

Las manos son las protagonistas y las que impulsan. Son las manos las que activan la comunicación. El gesto de las manos de Santiago pone todo el énfasis. Están dispuestas a profundizar la charla mientras almorzamos en «La Toma». Las albóndigas con puré no le permiten articular muchas palabras, y resulta medio gracioso. Hay silencio entonces y durante el silencio pasan cosas, se abre la puerta o alguien grita al encontrarse.

El Chana se crió en el turbulento contexto social y económico de los `90. «Vivíamos en el Barrio Mudón -Mutual Docentes Neuquinos- de la ciudad de Neuquén. Con el grupo de amigos que tenía siempre salíamos a jugar y nos íbamos para las bardas. Las “bardas” son el borde de la meseta patagónica, yo las veía todos los días desde la ventana del departamento. Salíamos en el plan de exploración, había unos contenedores que en caso de lluvias frenaban que el agua y el barro fueran para el lado de los departamentos; ahí jugábamos. Explorábamos un montón. Había un rancherío ahí arriba, una incipiente villa y era toda una odisea estar ahí con mis amigos. Inventábamos cosas, teníamos márgenes de libertad».

Guarda un registro vinculado con lo creativo desde la infancia, recuerdos asociados a un crecimiento que, aunque con carencias, generó en él aprendizajes que siempre lo acompañan. «Los fines de semana iba para Cutral Co, ahí con los hijos de amigos de mi viejo hacíamos andanzas por las chacras. Ayudaba mucho a mi abuelo en la chacra, él me había regalado un pequeño invernáculo y hacíamos plantines, me explicaba como transplantarlos, desplumábamos gallinas, o carneaba algún chancho, le daba una mano en todo eso y me encantaba».

Un grupo de estudiantes ultiman detalles en la mesa de al lado. La Toma mantiene su rutina de color, gentío y una música de fondo que suena a Pedro Guerra. En el momento en que aparece el típico desfile de grupos volviendo al trabajo y otros llegando, González retoma la palabra «Sabés que lo del viaje salió muy bien, pero cuándo vuelvo a Argentina, descansé un tiempo y en 2018 seguí viajando unos meses por el Litoral, siempre está presente ese espíritu de compartir experiencias en caminos».

–¿Qué descubriste en esa búsqueda?

Era un momento en el que estaba escuchando a full a Ramón Ayala y tenía muchas ganas de conocer todas esas provincias: Entre Ríos, Corrientes, Misiones. A partir de la música se puede reconstruir la identidad. Hicimos toda la ruta 12 que va bordeando el Paraná hasta Misiones. En ese punto se une con el río Iguazú. Cruzamos tantos pueblitos. Era una manera de ver el mundo. Ahora me digitalicé bastante pero siempre vuelve ese sentimiento, cuando toco la guitarra por ejemplo y vuelve la tierra y las raíces.

A finales del años 2018 Santiago vuelve al pueblo de Cañada Rosquín, transitando un tiempo en familia y ya después se instaló en Rosario. «Empecé a trabajar en el sindicato Empleados de Comercio como operador de radio y como pasa siempre, la vida va ocurriendo día a día, con una serie de intervenciones en el lugar. Hice muchos trabajos en programación hasta el presente que me dedico a mantener y crear sitios para Empleados de Comercio ”. Se lo nota contento, resumiendo en pocas palabras el principio motor de crear desde una máquina.

A los 13 años en el Aula Satelital de Cañada Rosquín

Apenas ingresas al departamento de Mendoza y Balcarce, un sinfín de pinceles, fibrones, atriles, libros y en el centro la computadora; se confunden con el colorido de un cuadro de piernas de enormes proporciones. La pantalla es el chiche nuevo de un tipo inquieto que más aún en su casa, es la conjunción perfecta de músico, pintor, programador y poeta. También para dar muestras de su talento está la guitarra. Santiago ha compuesto letras de un cancionero folklórico regional y disfruta mientras versiona: “El viejo río que va, cruzando el amanecer, como un gran camalotal, lleva la balsa en su loco vaivén». Se detiene unos segundos para aclarar «La verdad que me pareció todo un hallazgo esta canción». Posiciona nuevamente los dedos en las cuerdas, se planta y sigue con más de «El cosechero» de Ramón Ayala. La canción adquiere entonces otra intensidad, en el estribillo «Algodón que se va, que se va, que se va, plata blanda, mojada de luna y sudor, un ranchito borracho de sueños y amor, quiero yo…» . Santiago abre sus ojos celestes de par en par, transmite claramente su sentido poético del arte y de la vida mientras canta.

La música desencadena en más emociones y prepara el mate. Un penetrante olor a comida campea en el ambiente. «Pedí unas empanadas para amenizar la charla, así que vamos a ir al ritmo de la cebada y unas de carne cortada a cuchillo». El espacio remite al artista. La puesta es austera. Un pequeño mantel, el mate y un plato hondo que reboza de empanadas. En otro ángulo de la escena, como una expresión estética muy lograda, sofisticada, aparece la escultura de Nietzche que se traduce en testigo del momento.

–¿Cómo llega el arte a confluir con toda una dinámica en tu vida?

Siempre uso esa idea de la concepción plástica de la vida, de ver el entorno o las cosas que pueden ser moldeables o modificables. Siempre pensé que pueden surgir cosas nuevas, con los recursos que tenemos al lado o adentro de nosotros. Por eso digo no importa si es arcilla o una guitarra o líneas de código, estás creando algo.

Frente a una de sus obras, acrílico sobre lienzo

Se entiende que en el proceso creativo hay estados que podían serenar o excitar pasiones. Depende de su creador, de sus giros y propósitos. Lo que impacta en Santi es como la programación puede resignificarlo en la búsqueda inquietante de nuevas herramientas. «Hace tiempo que estoy trabajando en un proyecto que es básicamente una aplicación web para crear artículos de noticias con inteligencia artificial. En la aplicación uno puede crear agentes de redacción, con una visión del mundo digamos para que tengan una voz frente a los tópicos que inherentemente pueden estar polarizados. Así que para que no sea una postura genérica, uno le puede poner cierto sesgo ideológico o del pensamiento de una corriente filosófica para que en el momento de explicar un suceso tenga ese sesgo, si se quiere por supuesto. Hay un agente de redacción que busca ser neutral, pero la neutralidad es medio un chamullo, por eso hice esto de crear agentes. Por ejemplo, tengo un agente que es peronista, que cree en la justicia social, en la distribución de la riqueza, en la presencia del estado; o por el contrario podes crear uno que sea liberal, libertario, y va a analizar los hechos desde ese sesgo ideológico».

Y acá el tipo vuelve a moverse como pez en el agua. Porque todo es pensado, sentido y vivido como la consolidación de una comunidad global y el vértigo de la comunicación. «Estoy en la fase final para después largarlo online, espero que se use, no es ciento por ciento autónomo sino que hace como un bosquejo de la redacción y luego el periodista o cronista hace el trabajo fino de alguna corrección o ampliar información pero también apoyado con herramientas de la inteligencia artificial para anexar otros artículos, para resumir, o mejorar».

Foto de Nietzsche restaurada con IA

.–¿Cómo se juntan, cómo se ligan la pintura y la escultura con la programación?

Yo tuve siempre una inclinación plástica digamos, de modificar la realidad circundante ya sea modelando en arcilla, haciendo una pintura, componiendo una canción. La parte de creación, de modificación del entorno con algo, y la programación tiene eso también, es crear. De la misma manera que modelás formas con arcilla, podés modelar una interface gráfica o una experiencia de usuario, pero con código de programación…en definitiva estás poniendo algo en el mundo. Estoy sublimando, estoy creando algo. Yo creo que esa inclinación está, siento algo muy parecido a cuando me ponía dibujar o a pintar durante horas, de igual manera que ahora programando y viendo como va apareciendo algo de la nada. Ese es el hilo común que yo veo entre el arte y la programación.

Las últimas empanadas se mezclan con la misma intensidad de la charla que arrancó hace días en el bar Capote. Es el momento en que el artista de sangre neuquina hace que su guitarra libere una belleza única. Sentado de espaldas a la ventana de noche oscura, arranca un ensamble de zambas de su autoría. Detalle no menor cuando al terminar, suelta: «Una más y renuevo el mate».

Duda un instante para personalizar luego, con voz calma la canción: «Y vuela, vuela por otros rumbos, ve y sueña, sueña que el mundo es tuyo. Tú ya no puedes volar conmigo, aunque mis sueños se irán contigo».

El Chana sigue en esa lógica interna que funde poesía, arte, música y programación. Un muestreo sonoro y visual, muy abarcativo de un tipo que cree en la trascendencia de ver «como va apareciendo algo de la nada». En la creación siempre juega fuerte la intuición, la sensibilidad, la intención de entregar nuevos mundos contenidos en el hilo común que describe. La dualidad creativa de Santiago González.

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