«Yo no cambiaría nada de mi vida»: palabra de ferroviario
Murió por coronavirus Carlos Gómez, fundador del Museo Ferroviario de Cañada Rosquín. Una tristeza enorme.- Hasta la próxima estación querido Carlitos.-

Por Chino Zanello
Murió un tipazo, un laburante muy querido.-
La coherencia de un ferroviario de ley, un peronista que nos deja un 1° de marzo, el día de la nacionalización de los ferrocarriles, traspasados al Estado Argentino.-
Con Carlos las conversaciones eran encendidas.- Sus relatos del ferrocarril emocionaban hasta a las personas menos sensibles.-
Fanático de River y del chamamé.- Era un gran observador de lo popular.- Apasionado por hitos de la historia, de los rieles y vagones.-
Conocer a Carlitos fué recuperar la fe en las personas.-
Nació en Golondrina un 22 de noviembre de 1950.- Vino a nacer en el Día de la Música.-
Venía de pagos del norte santafesino, donde una torta asada y un mate cocido después de jugar; se transformaba en todo un acontecimiento.- Golondrina y Kilómetro 187 fueron el paraíso imborrable de su niñez y adolescencia.-
En los 80 junto a su incansable compañera Miryan Rueda llegaron a Cañada Rosquín.- Él, trabajador ferroviario y ella, con el tiempo una locutora de lujo en la Radio Circuito Cerrado.- Acá crecieron en hijas, hijo, nietas y bisnieta.-
Amó a Cañada y decidió en este suelo fundar el Museo Ferroviario de la Esperanza.- A puro pulmón y garra Carlitos, el «Jefe» de la estación; el gran recolector y juntador de historia, cumplió un sueño.-

El sueño de Carlos Gómez: EL MUSEO FERROVIARIO
El museo atesora identidad ferroviaria a borbotones.- Logró captar la esencia de elementos, documentos, vestuario; que revelan la identidad de nuestro país, de las familias ferroviarias y del más espantoso neoliberlismo que destruyó la dinámica socio-cultural y económica del país con la privatización de los ferrocarriles.-
El lugar cuenta estrictamente todo eso.-
Le fascinaba estar en su museo y responder las preguntas de visitantes o delegaciones escolares.- A todo le agregaba el plus de su simpleza.-
Todo el accionar humano de la familia de Carlos Gómez estuvo siempre a favor de la preservación del Museo Ferroviario «De la Esperanza».
El museo materializó un gran desafío, nunca se entendió que por su valor patrimonial debía ser preservado.- Vinieron años de olvido y deterioro para este exponente histórico que se encuentra en la estación ferroviaria de Cañada Rosquín.-
Carlitos escuchó con respeto todas las promesas de gobiernos locales y referentes provinciales.- Nunca llegó nada.- Sí el compromiso de muchos vecinos y vecinas que demostraron acciones imprescindibles para el mantenimiento del espacio cultural.-

Orgulloso de su familia, dejó un legado enorme.-
«Yo si volviera a nacer no cambiaría nada de mi vida.- Elegiría ser ferroviario, estar juntos y tener la misma familia» le confesó a Miryan hace un tiempo.-

Cada abrazo suyo te devolvía al ruedo por su calidez.- Tomarse unos mates en su patio era el horizonte para coincidir en que la vuelta del tren era la mayor reinvindicación que podían tener las provincias.-
Se nos fué un hombre muy valioso que aportó mucho para la cultura de nuestra región y de la provincia.-
Carlos es el amor que nos dejó.- Es el caminito cotidiano del «rancho» hacia el ánden, la calle Belgrano, cruzar el playón ferroviario para jugarse un numerito a la quiniela, es sus emociones.- Carlos fué y será un sembrador.-
Se nos fué un popular, uno de los nuestros.- Continuaremos tu obra.-
Reconozco que ingresar y respirar tu museo me durará toda la vida.-
Gracias maestro.!
